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Suelo vinílico en Córdoba

El vinílico es el suelo que resuelve el problema que ni el laminado ni la madera resuelven: el agua. No lleva madera dentro, así que una fuga, un charco o una fregona escurrida de más no lo abomban.

Por eso es lo que ponemos en cocinas, baños, lavaderos y locales, y por eso cada vez se ve más en viviendas enteras.

Si la duda es justo esa, qué poner en la cocina, la comparación entera está en suelo vinílico o laminado en la cocina.

SPC o LVT

El SPC tiene un núcleo rígido de carbonato cálcico y PVC. Es estable, no copia las irregularidades pequeñas del suelo de debajo y se instala en clic, flotante. Para una reforma sobre terrazo o cerámica existente es la opción que menos problemas da.

El LVT es flexible y más delgado. Suele ir encolado y se adapta a lo que haya debajo, lo que significa que cualquier grano o resalte del soporte se acaba marcando. Necesita un suelo muy plano, y por tanto suele necesitar niveladora.

Lo que más importa: la capa de uso

En vinílico, el número que hay que mirar no es el grosor total de la lama, es el grosor de la capa de uso, la película transparente de arriba. Es lo único que se desgasta.

Una capa de 0,3 milímetros vale para un dormitorio. Para una cocina o un salón con paso conviene 0,5. Para un local, 0,7 en adelante. Dos suelos del mismo grosor total pueden durar el doble uno que otro solo por esto, y es el dato que suele faltar en los presupuestos baratos.

La nivelación importa más que en otros suelos

Un laminado con lámina gruesa disimula bastante el suelo de debajo. Un vinílico, sobre todo el LVT, no disimula nada: cada grano de arena que quede bajo la lama se acaba viendo como un punto en la superficie.

Por eso en vinílico la preparación del soporte es la mitad del trabajo. Se aspira, se comprueba con regla y, si hace falta, se pasa autonivelante. Un presupuesto que no contemple esto y luego lo cobre aparte no era un presupuesto cerrado.

Qué incluye el precio

  • Comprobación y nivelación del soporte, que en vinílico es crítica
  • Lámina aislante cuando el sistema la admite
  • Instalación en clic o encolada, según el tipo y la estancia
  • Rodapié a juego y remates contra cerámica o piedra
  • Rebaje de puertas si hace falta
  • Retirada del embalaje y del escombro

De qué depende el precio

  • El tipo, SPC rígido o LVT flexible, que se instalan de forma distinta
  • El grosor de la capa de uso, que es lo que marca la durabilidad real
  • Si el suelo actual necesita capa niveladora, que en vinílico se nota más
  • Si es instalación en clic o encolada
  • Los metros y el número de estancias

Por eso no damos un precio por teléfono sin ver la casa: saldría un número que luego habría que corregir, y eso no le sirve a nadie.

Preguntas frecuentes

¿De verdad aguanta el agua?

Sí. El vinílico es plástico, no lleva madera dentro, así que un charco o una fuga no lo hinchan. Por eso es lo que se pone en cocinas, baños y lavaderos, donde un laminado acabaría abombado. Lo que sí importa es sellar bien el perímetro contra los sanitarios.

¿Cuál es la diferencia entre SPC y LVT?

El SPC lleva un núcleo rígido de piedra y plástico: es más estable, no marca las irregularidades del suelo de debajo y se instala en clic. El LVT es flexible, más delgado, suele encolarse y copia lo que haya debajo, así que exige un soporte muy plano. Para reformas sobre suelo existente, el SPC da menos disgustos.

¿Se nota que no es madera?

De cerca sí, aunque los acabados con relieve sincronizado han mejorado mucho. La diferencia se ve más al tacto y al pisar que a la vista. Si buscas la sensación de madera, el sitio del vinílico es la cocina y el baño, y la madera para el salón.

¿Vale para suelo radiante?

Sí, casi todos los vinílicos lo admiten y transmiten bien el calor por ser delgados. Hay que respetar la temperatura máxima que indique el fabricante, normalmente unos veintisiete grados en superficie, y subirla poco a poco la primera vez.

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